Antecedentes

El río Ebro en su tramo medio presenta crecidas frecuentes con importantes superficies inundadas al contar con una amplia llanura aluvial. Estas crecidas se han producido siempre, pero las más destacables de las últimas décadas y que están presentes en la memoria colectiva han sido las de 1961, 1966, 1977, 1978, 1980, 1981, 1993, 2003, 2007, 2015 y más recientemente la de 2018.

Los fértiles suelos de esta llanura aluvial han sido intensamente aprovechados para la agricultura desde tiempos históricos. La combinación de suelos especialmente fértiles y de agua para riego en un entorno árido ha tenido como consecuencia la concentración de la población y de la actividad humana en el entorno del río.

Hasta mediados del siglo XX el río Ebro presentaba en su tramo medio una activa dinámica fluvial, con un cauce amplio con grandes barras de gravas y amplias extensiones de vegetación de ribera, o sotos, en distintas fases de desarrollo. Las zonas de uso agrícola ocupaban las áreas de menor actividad fluvial, pero estaban igualmente sometidas a las inundaciones periódicas. A lo largo de la segunda mitad del siglo XX, con la aparición de las maquinarias agrícolas, se produjo un incremento en la roturación de los sotos de ribera para aumentar la superficie agrícola. Para proteger estos nuevos campos se ejecutaron diques longitudinales de defensa ante crecidas, denominados localmente “motas”. La disminución de la llanura inundable y la consecuente reducción de la capacidad de desagüe produjeron un incremento en el riesgo de las zonas agrícolas y núcleos urbanos colindantes, que a su vez ejecutaron nuevas defensas o incrementaron las existentes.

Los cambios globales en toda la cuenca, asociados a la regulación efectuada para las grandes zonas regables, han provocado una reducción de la dinámica fluvial. Como consecuencia, el tramo medio del río Ebro se encuentra en la actualidad en un proceso de evolución desde un cauce trenzado-meandriforme libre hacia un cauce estrictamente meandriforme.

La construcción de las infraestructuras de defensa ha supuesto una estabilización adicional del cauce y en muchos casos una gran constricción. La concentración de buena parte de los procesos fluviales en el espacio confinado entre las motas provoca una incisión del cauce de aguas bajas y a su vez la elevación de las márgenes por la sedimentación en sotos de porte arbóreo.

Mota de defensa en Alfaro

En la actualidad el sistema de motas de defensa supone una protección efectiva para núcleos de población y campos de cultivo para caudales reducidos y de alta probabilidad de ocurrencia. Sin embargo, durante episodios extraordinarios reducen la participación de la llanura de inundación en el desagüe de caudales, provocando un incremento de la altura de la lámina de agua en circulación. Asimismo, también impiden que las aguas desbordadas puedan retornar al cauce, aumentando el tiempo de permanencia de las márgenes inundadas y acrecentando los daños. A esta situación también contribuyen algunas infraestructuras de transporte que atraviesan la llanura aluvial.

El creciente riesgo por inundación se ha traducido en una fuerte demanda por parte de los afectados de soluciones efectivas de mitigación del riesgo por inundación.

Paralelamente, en las últimas décadas la normativa Comunitaria promueve un cambio de enfoque en la gestión de los ecosistemas fluviales con el fin de mejorar y conservar su estado y mitigar riesgos. Este marco normativo es el contexto en el que se desarrolla el proyecto Ebro Resilience, amparado en las siguientes directivas Europeas:

Directiva 2007/60/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 23 de octubre de 2007, relativa a la evaluación y gestión de los riesgos de inundación.

Directiva 2000/60/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 23 de octubre de 2000, por la que se establece un marco comunitario de actuación en el ámbito de la política de aguas.

Directiva 92/43/CEE del Consejo, de 21 de mayo de 1992, relativa a la conservación de los hábitats naturales y de la fauna y flora silvestres.

En aplicación de estas Directivas, el tramo medio del río Ebro ha sido clasificado como Área de Riesgo Potencial Significativo de Inundación en la Evaluación Preliminar del Riesgo de Inundación. Los Mapas de Peligrosidad y Riesgo dejaron patente la alta probabilidad de inundación que presentan en la actualidad muchos núcleos urbanos que se asientan en las márgenes del Ebro. En el marco del Plan de Gestión del Riesgo de Inundación se han incorporado, entre otras, medidas encaminadas a la mejora de la permeabilidad de infraestructuras transversales y la recuperación de la llanura de inundación.

 

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